Cuando te miro, buen Jesús, advierto en ti el calor del más querido amigo, y siento que, al amarte yo, consigo el mayor galardón, el bien más cierto. Este amor tuyo -bien lo sé- produce sufrimiento y exige gran coraje; mas a tu gloria, en este duro viaje, sólo el camino del dolor conduce. Feliz en el dolor mi alma se siente; la Cruz es mi alegría, no mi pena; es gracia tuya que mi vida llena y me une a ti, Señor, estrechamente. Si quieres añadir nuevos dolores a este viejo dolor que me tortura, fina prueba serán de tu ternura, porque a ti me asemejan redentores. Déjame, mi Señor, en este frío y en esta soledad, que no me aterra: a nadie necesito yo en la tierra en tanto que Tú estés al lado mío. ¡Quédate mi Jesús! Que, en mi desgracia, jamás el corazón llore tu ausencia: ¡que todo lo hace fácil tu presencia y todo lo embelleces con tu gracia!
Beato Tito Brandsma, carmelita (en el campo de concentración de Dachau) [Traducido por el P. Carrión]