Confirmación

La confirmación completa la iniciación cristiana junto con el bautismo y la eucaristía. Mediante la unción con el santo crisma y la imposición de manos del obispo, el Espíritu Santo fortalece al bautizado con sus dones y lo arraiga más profundamente en su unión con Cristo y con la Iglesia.

Este sacramento concede una fuerza especial para dar testimonio público de la fe y para perseverar en ella, incluso en las dificultades. Por eso se le llama también el sacramento de la madurez cristiana: no porque marque una edad concreta, sino porque significa un paso consciente de adhesión personal a la fe recibida en el bautismo.

En la confirmación, el Espíritu Santo otorga sus siete dones: sabiduría, entendimiento, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios. Estos dones ayudan al cristiano a discernir, actuar y vivir con coherencia evangélica.

El ministro ordinario es el obispo, como signo de unidad con la Iglesia universal; aunque puede delegar en un sacerdote cuando sea necesario. La celebración se realiza ordinariamente en comunidad, dentro o fuera de la eucaristía, con la renovación de las promesas bautismales, la imposición de manos, la unción con el crisma y el gesto de la paz.

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Preguntas frecuentes

  • Significa recibir una efusión nueva del Espíritu Santo, como los apóstoles en Pentecostés. Fortalece la gracia bautismal, vincula más estrechamente con Cristo y con la Iglesia, y da valentía para confesar la fe con palabras y obras en la vida cotidiana.

  • El bautismo nos introduce en la vida nueva, pero la confirmación nos capacita para vivirla con firmeza y compromiso. Es el paso de una fe “recibida” a una fe “asumida”: el cristiano se convierte en testigo y colaborador activo en la misión de la Iglesia.

  • La imposición de manos, que evoca el don del Espíritu; la unción con el crisma, que significa ser consagrado y enviado; y las palabras del ministro: “Recibe por esta señal el don del Espíritu Santo”. Cada signo expresa una dimensión de la acción de Dios.

  • Todo bautizado que no haya sido confirmado y que haya recibido la adecuada preparación catequética. Se requiere estar en gracia de Dios, haber renovado las promesas bautismales y desear sinceramente fortalecer la fe. Los padrinos acompañan al confirmado como apoyo espiritual, igual que en el bautismo.

  • Aumenta y profundiza la gracia bautismal, imprime un carácter espiritual indeleble, une más estrechamente al creyente con la Iglesia y le concede una fortaleza especial del Espíritu Santo para defender y extender la fe.

  • Ser testigo del Evangelio con coherencia, asumir responsabilidades dentro de la comunidad cristiana y participar activamente en la vida de la Iglesia. El confirmado se convierte en discípulo y misionero de Cristo en el mundo.

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