El Bautismo

El bautismo es el comienzo real de la vida cristiana: introduce en la comunión con Jesucristo, perdona el pecado original y cualquier pecado personal, concede la gracia santificante y hace miembro de la Iglesia. Por eso se le llama “puerta de los sacramentos”. Se celebra ordinariamente con agua —por inmersión o por triple infusión— y con la fórmula trinitaria. Deja un sello espiritual permanente (carácter) que no se borra ni se repite.

En la celebración se emplean signos que expresan lo que Dios obra: el agua (nacer a una vida nueva), el santo crisma (consagración para participar de la misión de Cristo), la vestidura blanca (vida nueva), el cirio encendido (fe que recibe la luz de Cristo). Los padres piden el bautismo para sus hijos porque la salvación es don gratuito; la comunidad acoge al nuevo bautizado y se compromete a acompañarlo en la fe. El bautismo puede celebrarse dentro de la misa o fuera de ella, preferiblemente en domingo; el ministro ordinario es el obispo, el presbítero o el diácono, y en caso de necesidad puede bautizar cualquiera que tenga la intención de hacer lo que hace la Iglesia.

¿Necesitas más información?

Cada camino en la fe empieza con un paso. Si deseas prepararte para recibir un sacramento, acompañar a alguien o simplemente saber cómo hacerlo, puedes ponerte en contacto con nosotros.

Completa el formulario y te responderemos lo antes posible.

Preguntas frecuentes

  • No cobramos por celebrar los sacramentos. Pero mantener el templo, sostener la vida pastoral y acompañar a quienes lo necesitan (aquí y en las misiones) tiene un coste. Por eso te pedimos un donativo voluntario y anónimo, en la medida en que puedas. Te damos un sobre para dejarlo. Puedes entregarlo en la secretaría o en el buzón de la entrada (calle de Sant Hermenegild).

  • Perdona el pecado original y todos los pecados personales, concede la gracia santificante, incorpora a Cristo, hace miembro de la Iglesia y templo del Espíritu Santo, y confiere un carácter indeleble. Inicia en una vida nueva orientada a la fe, la esperanza y la caridad.

  • Porque el bautismo es un regalo de Dios y no depende del mérito personal. Desde el comienzo se confía al niño a Cristo y a la comunidad, que se compromete a educarlo en la fe. Los padres y padrinos asumen la responsabilidad de que el bautizado crezca en la vida cristiana.

  • Ministro ordinario: obispo, presbítero o diácono. En peligro de muerte o verdadera necesidad, puede bautizar cualquier persona (incluso no bautizada) con intención recta, usando agua y la fórmula trinitaria. El bautismo se celebra preferentemente en domingo y, si es posible, con la comunidad.

  • Que la persona sea católica, haya recibido la confirmación y la eucaristía, lleve una vida coherente con la fe y, por edad y madurez, pueda ayudar al bautizado a vivir cristianamente. Puede haber un padrino, una madrina o uno de cada.

  • Sí, si se administró con agua y la fórmula trinitaria, con la intención de hacer lo que hace la Iglesia. Por eso, cuando ya hay un bautismo válido, no se repite; lo que procede es la catequesis y, en su caso, la plena incorporación a la Iglesia católica.

  • Se confían a la misericordia de Dios. La Iglesia invita a la esperanza y a la oración, y por eso anima a no retrasar indebidamente el bautismo cuando es posible.

Siguiente
Siguiente

Confirmación