Unción de enfermos

La unción de los enfermos es el sacramento por el que la Iglesia encomienda a los fieles gravemente enfermos o ancianos al cuidado y la compasión de Cristo. En él, el Señor concede fortaleza, paz y consuelo espiritual, perdona los pecados y, si es voluntad de Dios, devuelve la salud corporal.

No es un sacramento reservado solo al momento de la muerte, sino un signo de esperanza y acompañamiento en la enfermedad. Su propósito es ayudar al creyente a unirse más íntimamente a la pasión de Cristo, transformar el sufrimiento en ofrenda de amor y prepararlo, si llega el caso, para el paso a la vida eterna.

El rito consiste en la unción con el óleo de los enfermos en la frente y las manos, acompañada por la oración del sacerdote, quien actúa en nombre de Cristo y de la Iglesia. Puede celebrarse individualmente o en comunidad, en hospitales, casas o templos.

La unción puede repetirse si la enfermedad se agrava o aparece una nueva dolencia. También suele ir unida al sacramento de la penitencia y a la eucaristía, formando lo que se llama “los sacramentos de la pascua del cristiano”.

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Preguntas frecuentes

  • La unción de los enfermos no es un rito de resignación, sino de fe y esperanza. Cristo, médico del alma y del cuerpo, se acerca al enfermo para aliviar su dolor, fortalecer su espíritu y darle la gracia de aceptar su situación con confianza en Dios.

  • Todo bautizado que esté gravemente enfermo, anciano con salud frágil o a punto de someterse a una operación de riesgo. No se administra solo a los moribundos: se recomienda pedirla cuando la enfermedad empieza a ser seria o prolongada.

  • Concede la gracia del Espíritu Santo: fortaleza, paz interior, alivio en el sufrimiento, perdón de los pecados si no ha sido posible confesarse, y preparación del alma para encontrarse con Dios. En algunos casos, puede acompañarse de recuperación física.

  • El aceite bendecido simboliza la fuerza del Espíritu Santo y la curación interior. En la Biblia, la unción siempre ha sido signo de consuelo y sanación: así, el enfermo recibe el toque de Cristo que cura y consuela.

  • Forma parte del itinerario de fe y salvación: la penitencia restaura el alma, la eucaristía une con Cristo que se ofrece por nosotros, y la unción completa esa ayuda cuando el cuerpo o el espíritu se debilitan. Son signos de la presencia amorosa de Dios en la fragilidad humana.

  • Porque no se trata de “extremaunción”, como antes se decía, sino de un sacramento para vivir la enfermedad con la fuerza del Espíritu. Recibirlo a tiempo permite experimentar el consuelo y la paz que provienen de Cristo antes de que llegue la agonía o la muerte.

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