Confesión

El sacramento de la penitencia, también llamado confesión o reconciliación, es el encuentro personal con la misericordia de Dios. A través del sacerdote, Cristo mismo perdona los pecados cometidos después del bautismo y devuelve al alma la gracia santificante.

Este sacramento es esencial en la vida cristiana porque repara la relación rota con Dios, con la Iglesia y con uno mismo. No solo limpia el alma, sino que renueva la paz interior y fortalece la voluntad para luchar contra el pecado.

El acto penitencial tiene cuatro elementos fundamentales: el examen de conciencia, el arrepentimiento sincero (contrición), la confesión de los pecados al sacerdote y la satisfacción o penitencia impuesta para reparar el daño causado.

El ministro es siempre un sacerdote con facultad para absolver, y está obligado al sigilo sacramental absoluto. El perdón no se compra ni se merece: se recibe como gracia gratuita, fruto del amor infinito de Dios.

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